Cuando apareció en los kioskos, allá por los años cincuenta, causó una verdadera revolución especialmente en el público femenino. Tal es así que; según me relató don Ramón Columba, uno de sus editores, al poco tiempo tuvieron que editar Intervalo Extra, debido a la gran demanda de los lectores.
En sus páginas vieron cabida grandes obras de la literatura universal, adaptadas al lenguaje de la historieta (en aquellos tiempos llamada “novelas gráficas”). Lamentablemente los pretendidos estudiosos de la historieta jamás reconocieron la importancia que tenía este emprendimiento a nivel editorial y por una concepción machista, la menoscabaron. Debo agregar que, también lamentablemente, algunos dibujantes que conocí en mi dilatada carrera de guionista, no se enorgullecían de haber publicado en sus páginas, precisamente. Estos detalles y otros contribuyeron a que su real importancia dentro de la historieta argentina fuera (como se dice ahora) “ninguneada”. O sea, resumiendo; si era lectura para mujeres, no se trataba de historieta y por lo tanto, no poseía valores llamativos.
Contra este prejuicio; a todas luces estúpido, se levantó la adhesión de millones (dije bien, millones de lectoras) que a través de las épocas trasmitieron su preferencia por los relatos románticos. Debo agregar (nobleza obliga) que tales lectoras también fueron acompañadas por muchos lectores varones que seguían fielmente los relatos escritos y dibujados en las páginas de esta valiosa publicación.
Más allá de las grandes obras de la literatura universal que fueron llevadas al lenguaje de la historieta, vieron la luz las adaptaciones de películas y cuentos románticos y recordados personajes femeninos, nacionales y extranjeros. A “vuelo de pájaro” puedo evocar series como Mary Worth, Tiffany Thames, Lesley Shane (entre las extranjeras) y de las nacionales, Flavia Mazzini (escrita por la única guionista profesional de historietas que conocí, la señora Francina Siquier, autora de otra serie de origen romántico: Francisco Monterrey) a la cuales se le daba tanta importancia, desde lo gráfico, que maestros de la talla de Ernesto García Seijas, Gerardo Canelo y Ennio Leguizamon, recientemente fallecido) las ilustraban. Otras series; que ya en tiempos cercanos, concitaron la atención de las lectoras fueron: Mi novia y yo, Amanda, Helena, La Tía Tila, Cuentos de Almejas, De mil amores, Teenagers, (con dibujo de Laura Gulino) Gente de Blanco, Clasificados, Cuentos del Emir, (las tres de José Luis Arévalo y la última de ellas estaba ilustrada por la pionera de la historieta argentina, la señora Martha Barnes, Historias de hombres y mujeres (del gran escritor Cristóbal María Paz).
Seguramente algunos de estos grandes sucesos historietísticos escapan a mi memoria, pero la intención de esta nota es hacer algo de justicia para el recuerdo de una revista legendaria, la cual emocionó durante seis décadas a varias generaciones de lectores. Y si eso no es un éxito ¿El éxito donde está?