En la foto, junto con el maestro Sergio Ibáñez durante la exposición Animate 2007, realizada en la Ciudad de Buenos Aires.La historieta Vurdalak fue originalmente publicada en la revista Bastión, de Gárgola Ediciones.










Del 16 al 20 de agosto tuvo lugar en el predio El Dorrego (Calles Dorrego y Zapiola) la Expo-convención de Comics, Animé, Humor Gráfico, Cine Fantástico y Juegos, "Animate 2007". Se trató de un evento organizado por Deux Studio, cuyo director es el señor Pablo Muñoz, y contó con la coordinación general de Tomás Krenn, la coordinación cultural de Rubén Meriggi, Alejandra Márquez (foto) y César Vidal.
Por mi parte, me tocó participar, el viernes 17 a las 19 horas, junto al consagrado Horacio Lalia, creador de Nekrodamus, entre otros grandes éxitos, en el segmento denominado "Historieta en vivo- 1 ". Allí diagramé una página de guión policial, que Lalia plasmó en ilustraciones. Luego vino la charla explicativa y las numerosas preguntas formuladas por el público que ambos contestamos. Posteriormente, el sábado 18 a las 19 horas, también integrré el panel denominado:" Columba, la histórica editorial representada por los grandes artistas que pasaron por la páginas de El Tony y D'Artagnan.
Allí, volví a encontrarme con colegas de la talla de Lito Fernández, Ricardo Villagrán y Sergio Ibañez, a quienes en otras epocas tuve el placer de redactarle numerosos guiones para el sello " de la palomita". Realmente fue una fiesta para los amantes del comic y la historieta, y la demostración de que el puente de arte de los consagrados maestros y las nuevas generaciones está firmemente establecido. Así, Animate 2007 resultó un completo éxito. Vaya desde esta página, mis felicitaciones a sus organizadores.
Yo busco lo universal y soy consciente de que lo que no entendemos, lo descalificamos. Apuesto a la exposición de los sentidos a través de lo visual. El título que le doy a mis obras es solo un indicativo, un subjetivo y cada cual debe tratar de asimilarlas para elaborar sus propias conclusiones. Mis técnicas de trabajo me permiten manejar texturas, acrílicos, técnicas mixtas, espátula, pincel, etc. En lo internacional me agradan Kandinsky, Picasso (su época cubista), Dalí. En lo nacional estoy en contacto con los maestros Rogelio Polesello y Pérez Celis, cuyo trabajo respeto y admiro. Recién ahora, luego de décadas de ser autodidacta, estoy concurriendo al taller del maestro Galluzi. ¿Cómo comencé? De muy pibe, dibujando para mí las historietas de Columba, las del Tony, D'Artagnan y Fantasía. Tengo un buen amigo de la época escolar con el cual nos vemos a menudo. Se llama Sergio Ibáñez y el que conoce de historietas nacionales sabe de quien estoy hablando”.
Historietistas tucumanos en Buenos Aires
Artistas tucumanos en el Cabildo.
Miguel Ángel Castro Rodríguez nació en Montevideo, República Oriental del Uruguay el 24 de marzo de l959. A los catorce años llegó a Buenos Aires con una carpeta bajo el brazo y muchas ilusiones a concretar. En una tarde solariega, en su domicilio de Longchamps, provincia de Buenos Aires, entre mate y mate me relató su historia profesional.
-Otro personaje de Armando Fernández, (risas) Rodwin de las Galias hasta 1984. Luego ilustré Taggart de Ray Collins y más tarde, Colby de Pedro Mazzino para la revista Intervalo. Por esos tiempos elaboré también algunos trabajos para Fierro de Ediciones de La Urraca y lo último que dibujé para Columba fue John Cronos, con guión de Fernández, nuevamente. John Cronos se publicó también en LancioStory, de la Eura italiana, lugar donde actualmente trabajo. Hice además, los cuadernos de Batallas Argentinas para la revista SOLDADOS, el libro de historietas ¡Al grito de Santiago! sobre las invasiones inglesas, ilustraciones para los libros Argies! (guerra de Malvinas) y Secuestro Express (relatos policiales argentinos), editados por Los Cuatro Vientos.
Entonces, casi súbitamente, el pueblo apareció en un recodo del camino, como también surgido de una pesadilla gris. Tal vez darle categoría de pueblo a ese montón de casas arracimadas y la posada era mucho decir pero Svetlana se alegró del hecho de poder ver otras caras humanas, pues la única que había visto en los dos últimos días era la del fornido cochero. El coche de la condesa era más confortable que el anterior y los cascos de los briosos caballos parecían volar por el camino. Ahora, la ventisca golpeaba contra los vidrios de la ventanilla, mientras la noche desplegaba sus oscuras alas en la majestad del cielo.
Sentada frente a la condesa, Svetlana Kalinin no se atrevía a mirarle recto a los ojos. Era evidentemente una dama de gran señorío y finos modos. Sus manos lucían costosos anillos rematados en piedras preciosas. Svetlana se dijo que era una gran suerte que tal señora hubiera accedido a contratarla, siendo ella una desconocida y para sí misma prometió esmerarse en su labor.
La condesa permanecía en silencio, contemplándola. Sin duda la estaba evaluando y Svetlana rogaba para sus adentros de que la encontrara agradable.
-No sé qué puedes haber escuchado de esos campesinos rústicos e ignorantes, querida mía, pero no debes hacer caso… -dijo de pronto la gran señora. Svetlana se sobresaltó ante esas súbitas palabras. Ahora, el carruaje parecía volar por el camino dando violentos barquinazos.- Oh, estoy segura de que le encantarás a mi hija Irina. Presiento que ambas se llevarán muy bien.
-Haré todo lo que pueda de mi parte para que eso suceda, señora –dijo humildemente la muchacha.
-Ésa es una buena respuesta. Los informes del director del orfanato indicaban que eres una joven estudiosa y delicada. Veo que no han mentido.
Un lejano aullido acuchilló los sombríos espejos del silencio nocturno. A ese aullido, como un lúgubre coro, siguieron otros tan espeluznantes como el primero.
La viajera miró alarmada hacia fuera pero nada se veía a excepción de oscuridad y filigranas de blanquísima nevizca que azotaban el vidrio de la ventanilla.
-¿Qué… qué es eso? –preguntó.
La dama sonrió.
-Lobos, mi querida. Fieras enormes y peludas. Éstas son tierras salvajes y el hambre invernal empuja a las manadas de lobos a través de montes y colinas. Ay del viajero desprevenido o la oveja perdida que puedan encontrar… -Svetlana se arrebujó en su modesto abrigo de tela, mordiéndose los labios. La mujer palpó su temor como quien saborea el gusto de una comida y volvió a sonreír, casi maternalmente.- No debes tener miedo. Mi cochero lleva armas de fuego y es un montañés intrépido. Yo misma sé manejar una pistola. Además, la residencia no está lejos. Pronto llegaremos.
La condesa Eila Varna tendió sus manos y tomó las de la joven. Ésta le devolvió una sonrisa tímida y agradecida.
-Vamos, háblame de ti –pidió la gran señora.
Y mientras que el carruaje lanzado en su marcha fantasmal acortaba distancias, la institutriz comenzó a referirle detalles de su vida. No eran especialmente notables, pues el abandono por parte de sus desconocidos progenitores siendo muy pequeña en la puerta de una iglesia ortodoxa y la posterior internación en el internado sólo reflejaban tristes vivencias.
Pero el hablar de tales cosas mientras las manos de la condesa entibiaban las suyas le hizo sentirse mucho mejor y olvidar el lejano pero ininterrumpido aullido de los lobos, que parecían acompañarlos durante aquel viaje.
Al fin la corta travesía concluyó y una casona enorme y sombría apareció ante los ojos de la viajera. Atravesaron el gran portalón abierto de hierro, en cuya cima del arco de entrada yacía esculpida una enorme y amenazante águila de piedra y poco después, entre chillidos de goznes desgrasados y bufar de caballos, el vehículo se detenía frente a la escalinata de la entrada principal de la residencia.
El cochero descendió del pescante fue y abrió la portezuela para que ambas descendieran. Svetlana se encontró mirando el manto de la nieve que como un sudario blanquecino todo lo cubría. El frío era intenso.
Al alzar la mirada lajoven vio que algunas ventanas de la casona estaban iluminadas y creyó percibir una figura que los contemplaba desde una de ellas.
-Vamos –dijo la señora y Svetlana la siguió obedientemente, mientras el cochero descargaba su única maleta e iba tras ellas.
Al entrar a la gran sala de recepción, el clima cambió radicalmente. En un gran hogar ardían los leños transmitiendo calor y vida y alejando la desoladora presencia del invierno que imperaba fuera en los páramos.
Svetlana llegó hasta las llamas que danzaban entre chisporroteos luminosos y se entibió las manos. Luego recorrió con la mirada aquella sala que estaba magníficamente alfombrada.
Había armaduras, escudos y panoplias. También pinturas de severos antepasados que se le antojó en un primer momento, la contemplaron como a una intrusa.
-Debo decirte que soy viuda. Mi amado esposo… se quitó la vida hace años –murmuró la dueña de casa.
-Lo siento, señora.
-Y ella es Irina, mi única hija…
Diciendo esto, la condesa indicó la presencia de alguien que había aparecido súbitamente. Svetlana tuvo un sobresalto pero luego se serenó al descubrir la angelical presencia de una hermosa niña de rubios rizos en el pie de la escalera.
La niña tendría unos diez años y le sonreía dulcemente.
Svetlana le devolvió la sonrisa y sin timidez fue hasta ella. Le tomó de las manos y le dijo:
-He venido de muy lejos y seré tu nueva institutriz. Te enseñaré muchas cosas y seguramente seremos amigas, ¿no es cierto?
La niña se alzó en puntas de pie y la besó en la mejilla.
-Al fin has llegado. Me sentía muy sola en esta gran casa. ¿Quieres venir a conocer mi cuarto?
Svetlana giró la cabeza y pidió aprobación a la condesa, quien con un gesto asintió. Así tomadas de la mano subieron la escalera hasta llegar a una puerta de las varias que había en el piso superior de la residencia.
Entraron.
Era un cuarto precioso, ricamente decorado y poblado de juguetes, especialmente muñecas, osos y conejos de trapo.
-¿Jugarás conmigo? –preguntó aquel ángel rubio.
-Claro que sí –afirmó la huérfana, contenta de estar allí.
Y jugaron, mientras afuera el conquistador llamado invierno se enseñoreaba en la tierra preñada de sombras, oscuridad y nieve.
Jugaron entre bromas y risas mientras el coro de las manadas de lobos que vagaban por los bosques umbríos se volvía demencial.
Mi labor como periodista me lleva en ocasiones a cubrir informaciones de todo tipo. Así fue que en los primeros días de junio viajé a la ciudad de Resistencia, Chaco, para entrevistar a los integrantes del Batallón de Apoyo Logístico Resistencia del Ejército Argentino, quienes estaban abocados a la tarea de distribuir 190 toneladas de alimentos a unos diez mil indígenas tobas que habitan en la selva chaqueña.
Volé durante horas a bordo de un helicóptero UH 1H de Aviación de Ejército, sobre el monte llamado El Impenetrable. Allí, partiendo desde el campamento ubicado en la zona denominada El Cristo cubrí toda la realidad de los habitantes de tan áspera naturaleza. Más allá de las grandes urbes, existe toda una realidad prácticamente desconocida para la gran mayoría de los argentinos. 

Mi primer cuento publicado fue Extraña amenaza, de ciencia ficción, ilustrado por el maestro Leopoldo Durañona. Se publicó en Selecciones Escolares Nº 174 de Editorial Codex el 11 de octubre de 1965. Yo tenía en ese entonces 20 años.
*****
Frank Wilbur, el operario del ultra-radar arrugó el entrecejo cuando la lucecita roja se encendió en el tablero y siguió parpadeando intermitentemente. Sus ojos se clavaron en la telepantalla con curiosidad profesional.
El objeto que caía a velocidad vertiginosa era desconocido, no le cupo duda. Oprimió un botón y al instante se comunicó con el área V 72, en donde su amigo Willy Prost con dos hombres, Sanders y Carson, patrullaba ese sector del todavía desconocido, extraño y misterioso planeta Venus. Casi en seguido escuchó la voz de Willy por el intercomunicador.
-¿Qué sucede?
-Objeto extraño en tu sector. Investiga y comunícame cualquier cosa anormal que suceda. Avisaré al capitán Marsh...
Cortó la comunicación y se disponía a llamar a Marsh cuando el silbido de una puerta-rampa al correrse le indicó que había alguien detrás de él. Se volvió. Era el propio Paul Marsh, el jefe de la única colonia terráquea en aquel mundo.
-Quería hablar con usted, capitán -dijo Wilbur y pasó a informarle sobre el objeto que ya no se veía en la telepantalla. Paul escuchó con atención y luego se comunicó con Willy Prost.
-Está descendiendo, señor. Lo vemos perfectamente, es una esfera. Nuestro cilindro volador está planeando en el lugar donde va a aterrizar. Nunca vi nada así... -prosiguió Willy-. No es de la Tierra... -agregó.
-No se arriesguen inútilmente. Si hay peligro retornen a la colonia.
-Comprendido. Está aterrizando...
***
Prost y los otros no se sentían nada tranquilos ante la presencia del artefacto que despedía brillos enceguecedores.
-Qué extraño... -comenzó a decir. En ese instante un zumbido estridente se elevó por sobre los murmullos de la jungla venusina. El cilindro volador se estremeció con violencia, perdiendo altura rápidamente y sus tripulantes advirtieron con espanto que las mil fauces de la jungla se abrían para devorarlos.
***
El capitán Marsh contempló a los tres hombres que recobraban la lucidez.
-Hace dos horas que los encontramos en un claro de la jungla. Su cilindro parece haber sufrido desperfectos. Pero no había rastros de una nave o cosa por el estilo. ¿Están seguros de haberla visto?
-No recuerdo, capitán... Me duele la cabeza, le juro que no sé de qué me habla... -dijo Prost. Marsh se volvió hacia el médico que estaba a su lado y éste dijo:
-Insolación, capitán. A esta hora el sol es mortífero. Estaban desvanecidos cuando los encontraron...
Marsh hizo un gesto vago y sacudiendo las ideas molestas de su mente abandonó la sala. Llegó al piso 8 y encontró a varios operarios con los rostros congestionados. El jefe de la sección corrió, presuroso, a su lado.
-¡La sala del reactor atómico es un infierno, capitán! ¡La temperatura es de varios cientos de grados centígrados! ¡No se puede entrar! Se ha iniciado una reacción en cadena en el reactor central.
-¡Un traje calórico, en seguida! -ordenó el valiente capitán sin amilanarse.
-Si no intento algo, la colonia será destruida. Con estas palabras Paul Marsh ya enfundado en el traje abrió la puerta de la sala y entró.
Todo estaba envuelto en una niebla azulina, algunos tableros eran presa de las llamas mientras que un furioso ronquido brotaba del reactor. Marsh se movió lo más rápidamente que pudo. Tropezó con algunos aparatos semidestruidos y siguió avanzando hacia la mole del reactor en cuyo interior bramaba la mortal reacción en cadena.
Subió ansiosamente la escalera que llevaba al centro mismo de la formidable máquina. El calor se hacía insorportable y el bramido del reactor ensordecía...
Corrió hacia los mandos, adonde la aguja del tablero señalaba peligro en letras muy rojas. Una de las palancas había sido movida para comenzar la reacción en cadena. No se detuvo a pensar qué manos criminales y perversas habían hecho eso y luchó por bajar la palanca cuando ya la aguja señalaba el punto crítico. Unos segundos más y la colonia dejaría de existir.
Paul bajó la palanca con el resto de las fuerzas que le quedaban mientras la vista se le nublaba y las piernas, doblándose en dos, se negaban a sostenerlo, dejándolo sin sentido.
***
Marsh contó mentalmente la cifra de hombres y mujeres que había en la colonia. Tres mil quinientos siete. Uno de ellos, al menos, había intentado destruirlos. Pero, ¿por qué? ¿Qué motivos podían haberlo guiado? Era el único centro de seres humanos que existía en el planeta Venus.
Muy rápido debía actuar antes de que las manos asesinas intentaran sembrar la muerte otra vez.
Se comunicó con la sala médica en la cual estaban internados los patrulleros del área V72.
-Quiero que los tres lleguen hasta mi despacho... -ordenó.
Después de algunos instantes la célula fotoeléctrica abrió la puerta de su despacho dando paso a los visitantes.
-Adelante, caballeros... -invitó mientras les señalaba tres sillones de alto respaldo que un rato antes no estaban en su oficina. Marsh lucía un par de anteojos rojizos que le daban una extraña apariencia. Los patrulleros tomaron asiento.
-Vamos a hablar de una extraña esfera... -dijo Marsh abruptamente. Los miró a través de sus curiosas gafas.
-Ya dijimos que no recordamos nada. La insolación... -Willy Prost sonrió afablemente siendo imitado por Carson y Sanders.
-Vamos a hablar de una esfera misteriosa y del atentado al reactor... -continuó Marsh. Entonces sí hubo algo en los ojos de los hombres.
-No sabemos nada de eso. Supongo que no pensará... Nosotros estuvimos internados todo el tiempo en que ocurrió el atentado. Los médicos y las enfermeras podrán atestiguar que...
Por detrás de las gafas la mirada de Marsh se ensombreció al comprobar que la teoría que creía alocada se le mostraba como una candente realidad.
-Si les pregunto a ellos dirán que efectivamente fue así... porque no se acordarán de lo que pasó en ese lapso...
La voz del capitán parecía estar dictando una sentencia.
-Uno de ustedes no es humano. Valiéndose de un arma desconocida desvaneció a los otros dos y al personal médico, llegó al piso 8 e intentó hacer volar la colonia.
-¿Qué hicieron con Willy Prost? -gritó dirigiéndose hacia el nombrado. Este intentó extraer algo de su bolsillo pero Marsh fue más rápido y empuñando su pistola de rayos disparó sobre su enemigo. Alcanzado en el pecho, el falso Willy se desplomó.
-¿Cómo... lo supo? -preguntó mientras la agonía iba ganando terreno. Marsh se quitó las curiosas gafas.
-Los respaldos de los sillones son pantallas espciales de rayos X y estas gafas me permitieron observar sus cuerpos con detenimiento. Dentro del cerebro de Willy había algo, un cuerpo extraño, un parásito, una mancha que se agitaba... No sé... ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?
-La colonia... es un estorbo... para nuestros planes de invasión a la Tierra... pensábamos establecer una base en Venus, y desde allí atacar a vuestro planeta... natal...
El cuerpo sufrió un ligero estremecimeinto y quedó yerto. Paul Marsh se alzó y miró a Carson y Sanders.
-Ustedes dos fueron respetados. Sólo Willy sufrió... esto. Por lo visto la misteriosa esfera no era delirio.
Ahora debían avisar a la Tierra del peligro que la amenazaba.
La primera batalla contra los desconocidos invasores había sido ganada por los terráqueos. Especialmente por uno de ellos: el capitán Paul Marsh, jefe de la primera colonia terrestre en Venus.
José Alegre era el editor de aquella revista cuyas oficinas estaban ubicadas muy cerca del estadio del Club Atlético Hurácán.



Al regreso de un viaje por Europa del artista, SOLDADOS dialogó con Ricardo Luis Olivera, 60 años, soltero y nacido en Corrientes un 25 de mayo de 1943. Lucho (así lo llaman fans y colegas), es un reconocido artista que supo ganar un merecido lugar internacional en el mundo de la historieta. Bastaría sólo citar dos de sus personajes para entender porqué sus trabajos entraron por la puerta grande del llamado "noveno arte". Nos referimos a Nippur de Lagash y a Gilgamesh el inmortal. Pero hay más, mucho más, en su rica trayectoria artística y es el mismo entrevistado quien nos lo relata: "mi padre, Virgilio Andrés Olivera, ya fallecido, perteneció al Ejército y se retiró de él con el grado de mayor. Revistaba en Intendencia y recibía todas las publicaciones del Círculo Militar. En la Biblioteca del Oficial, yo descubrí un universo de armas y uniformes. Estando mi padre destinado en Mercedes y Curuzú Cuatiá, solía pasearme por los cuarteles y a la edad de doce años, supe lo que era un tanque Sherman y un cañón autopropulsado. El tema bélico me marcó a fuego desde niño, siendo mi primera historieta profesional para Misterix Legión Extranjera. A los quince años descubrí Hora Cero y allí, a Ernie Pike con sus historias de guerra que me impactaron. Por entonces yo estudiaba Bellas Artes en Corrientes, pero decidí ser dibujante de historietas costara lo que costara. Tiempo después, mi padre fue transferido al Estado Mayor General del Ejército y mi familia se radicó en Buenos Aires. En 1962 trabajé en Leoplán y Vea y Lea ilustrando cuentos de Adolfo Pérez Zelaschi. El tiempo pasó y sin levantar la cabeza del tablero de dibujo fui logrando plasmar en tinta china a todo ese mundo de soldados y guerreros mitológicos que tenía en la mente. Publiqué en mi país, en toda Europa y en alguna parte de Asia. Hice realidad mis sueños de adolescencia. ¿Puede un hombre pedirle más al destino?"
Periodista, escritor y guionista de historietas. Nacido en 1945 en la ciudad de Buenos Aires. Publicó su primer trabajo profesional a la edad de 14 años en “Casco de Acero” que por entonces dirigía Andrés Cascioli. Luego colaboró en las revista Maverick, que dirigía Leandro Sesarego y X-9 y Bala de Plata, de editorial Nómina.
Desde 1965 hasta 2000 escribió guiones para El Tony, D´artagnan, Fantasía, Intervalo y Nippur Magnun publicaciones de editorial Columba.
Desde 1999 a 2003 escribió guiones para la Eura Editoriale de Italia (revistas Skorpio y Lanciostory).
Para la Armada Argentina realizó el libro de historietas “La Armada en Malvinas”, para la Escuela de Náutica elaboró otro libro similar llamado “¡Al grito de Santiago!" y otro, el "Tercio de Galicia en las invasiones inglesas”.
Durante el año 2010 publicó en la revista El Federal una colección sobre batallas de nuestra independencia en historietas y también una serie de artículos periodísticos.
Autor de los “Cuadernos de la revista Soldados” en historieta.
Ha publicado más de 6.000 guiones de historietas y comics. En su faz de novelista, es autor de los libros “Carta a un soldado de Malvinas” (Editorial El Quijote), “Argies!, Malvinas como nunca se contó” y “Secuestro Express” -Cuentos policiales Argentinos- ambos de editorial De Los Cuatro Vientos. Otro de sus cuentos, “El horroroso perro gris” integró la antología “Poetas y narradores- año 2005” de esta misma editorial.
Su cuento “Oscuridad eterna” mereció Mención de Honor en el Concurso Metrovías-Cuentos de terror- año 2006.
Colaboró con novelas cortas y cuentos en las revistas de ciencia ficción Aventurama, Ópera Galáctica y Sensación. Usando seudónimo, escribió cuentos románticos para la revista Eleonora y también, bajo seudónimo, es autor del volumen “Cinco minutos de amor” de Editorial Columba.
Autor de los libros “El joven San Martín, los años desconocidos del libertador” y “Batallas Argentinas” (Deux Editora).
Co-autor de los libros “Malvinas, 20 años, 20 héroes”, “Así peleamos Malvinas” y “Malvinas, una historia de soberanía” editados por Fundación Soldados.
Autor de “El gaucho Rivero y la conspiración para apoderarse de Malvinas” y “Calfucurá, el Atila de las Pampas”, novelas históricas de Ediciones Argentinidad. De este mismo sello publica “Malvinas, un grito de soberanía” (fascículos en historieta sobre el conflicto del Atlántico Sur).
Realizó dos importantes exposiciones de historieta histórica en el Museo Arturo Jauretche, dependiente del Banco Provincia de Buenos Aires. Ellas fueron: en el 2009; “Malvinas hombres de honor” y en 2010 “Sentir la Patria-Batallas por la independencia”.
Desde 1995 hasta la actualidad pertenece al staff periodístico de la revista Soldados del Ejército Argentino.
En la feria del libro 2012 presentó los siguientes libros: "Calfucurá, el Atila de las Pampas", novela histórica, "Malvinas, un grito de soberanía", volumen con once historias reales sobre el conflicto del Atlántico Sur en formato de historietas y los libros "Veterano", de tema policial y "Noche de Amantes" de tema romántico. Asimismo la editorial TAEDA le ha publicado un libro titulado "Malvinas, historias ilustradas" también en formato de historieta. Algunas de estas historietas recorren el país durante el 2012 junto a una muestra fotográfica malvinera de la citada editorial.
Asimismo colaboró con textos e ilustraciones para cinco videos del Ejército Argentino que se emitieron por la televisión pública en el programa "Nuestro Ejército".
En la colección XP de Ediciones Argentinidad es autor de los libros: La máquina de contar cuentos, El látigo y la piel, Laberinto fantástico, El país de las pesadillas, Tumbas en la eternidad, El pájaro de fuego y La novia del soldado. También para el sello de Ediciones Argentinidad es autor de la novela histórica “Falucho, el negro de San Martín”. Es co-autor del libro “Malvinas-30 años-el sentimiento sigue vivo”, editado por el Ejército Argentino.