lunes, 28 de abril de 2008

Guillermo Divito, un creador inigualable

Guillermo Divito, dibujante y editor, nació en Buenos Aires el 16 julio de 1914. Willy, para sus amigos, comenzó a dibujar en la revista Sintonía (dedicada a las estrellas de la radio) y luego trabajó en Patoruzú, El Hogar, Semana Gráfica y el diario Crítica. Precisamente en El Hogar crearía el primero de sus emblemáticos personajes, el Otro yo del doctor Merengue, que se transformó en el primero de sus grandes éxitos.




Dice la leyenda, que después de discutir con Dante Quinterno decidió crear su propia revista y allí nació la revista más espectacular del humor cómico argentino. Me refiero a Rico Tipo. La mencionada revista vio la luz en noviembre de 1944 y se mantuvo hasta principio de los años setenta. Llegó a vender la friolera de 300.000 ejemplares semanales. A pesar de ser eminentemente dedicada al humor y al costumbrismo porteños se vendía en todo el país y en varios países de Latinoamérica.




Allí, en sus páginas estaban sus ya legendarios personajes, Merengue, Falluteli, Bómbolo, Pochita Morfoni, El Abuelo, Fúlmine y las ¡Chicas! , curvilíneas féminas envidiadas por las mujeres y anheladas por todo varón que se preciara de serlo. Divito llegó a dictar, con sus dibujos, una moda. No estuvo solo este talentoso creador, lo acompañaron Purapinta, de Ianiro, Afanancio, de Mazzone, Amarroto, de Oski, Buenos Aires en camiseta, del extraordinario Calé, entre muchos otros artistas talentosos.


Este inigualable dibujante y creador falleció el 5 de julio de 1969 en Santa Catarina, Brasil, en un trágico accidente automovilístico. Con él, la historieta y el humor nacionales, perdieron a uno de sus más grandes valores.
El otro yo del Dr. Merengue
Pochita Morfoni
Fúlmine

lunes, 14 de abril de 2008

Rivero, el primer combatiente de Malvinas

En la penumbra de nuestra historia nacional, yace la figura del gaucho entrerriano Antonio Rivero, un simple peón de campo que lideró la primera rebelión contra el poder británico que usurpó las islas Malvinas en 1833. Es para mí un honor el poder presentar la novela histórica "El gaucho Rivero y la conspiración para apoderarse de Malvinas" de mi autoría, del sello Ediciones Argentinidad, que muy pronto estará en las librerías.








Presentación del libro:
"EL GAUCHO RIVERO"Y la conspiración para apoderarse de Malvinas



Martes 27 de mayo - 19 hs. l Entrada libre y gratuita

Microcine de la Biblioteca del Congreso de la Nación

Alsina 1835, Ciudad de Buenos Aires - Argentina


El autor presentará y firmará ejemplares de su nueva obra




lunes, 7 de abril de 2008

El recuerdo de Lucho Olivera

Hablar de Ricardo Luis Olivera, mejor conocido por Lucho, en el mundo historietístico es referirse a un grande de la historieta nacional. Tengo muchas anécdotas para contar sobre él, pero éste no es el lugar para hacerlo. Diré sí, en cambio que tuve el honor de escribir para su magistral pincel series como El Sobreviviente, El Hitita, Hércules, En Tiempos de Salomón, Odisea Marciana, etc, así como numerosos episodios unitarios, tanto para Editorial Columba como para la Eura Editoriale de Italia. Creador gráfico de Gilgamesh y Nippur de Lagash, dos personajes emblemáticos, desarrolló numerosos personajes que viven en la memoria de millones de lectores. Su fallecimiento dejó un vacío que nadie podrá ocupar jamás. Los grandes nunca mueren y Lucho sigue viviendo en la reedición de sus trabajos y en las revistas que los "fans" atesoran como oro puro.


















A continuación, un reportaje que le efectué y , parte de él, se publicó en la revista SOLDADOS Nº 85 (diciembre 2002).




REPORTAJE A LUCHO OLIVERA

En los últimos días invernales de este milenio tengo la oportunidad de entrevistar a un grande de la historieta argentina. Se trata, nada menos que de Lucho Olivera. Los que alguna vez han tenido un Tony, un D´Artagnan o un Skorpio en la mano saben seguramente de quién les hablo. Y los que no lo saben, mala suerte para ellos, porque se lo pierden. Lucho pertenece a esa extraña categoría de dibujante metafísico, esto es, que muchos de sus personajes trasuntan un torturado mundo interior que a veces parece querer escapar del encierro de los cuadritos de historieta para asumir su identidad en un mundo que es tan real, en su miedo y su horror como el mundo en que vivimos. Ahí están, por ejemplo esas dos obras maestras suyas: Nippur de Lagash y Gilgamesh, el inmortal (esta última creación suya en el año 1970 para la revista D´Artagnan con guiones de su propia autoría y que luego fuera reescrita por Robin Wood dándole así el merecido soporte de la fama).




Lucho nos recibe en su cómodo departamento del barrio de Palermo y el diálogo, riquísimo (no podía ser de otra manera) se prolonga hasta la llegada del crepúsculo.

ARMANDO FERNÁNDEZ: Dame tus datos básicos, por favor.



LUCHO OLIVERA: Ricardo Luis Olivera, nacido el 25 de mayo de 1943 en la capital de Corrientes.


AF: Tu padre fue militar...



LO: (muestra algunas fotos del álbum familiar) Sí, se llamaba Virgilio Andrés y llegó al grado de mayor en intendencia, se retiró en 1971 , pasó por el 9º de Infantería de Corrientes, estuvo en Curuzú Cuatiá y en Mercedes en 1960 , fue transferido también al Estado Mayor y luego prestó servicios en el Regimiento 1 de Patricios.



AF: Lucho, sé que tu carrera artística es prolífica y exitosa, ¿que tal si me la relatás cronológicamente?



LO: Bueno... es un placer recordar las cosas que lo gratifican a uno, porque el dibujo para mí no sólo es trabajo o arte, también es gratificación. Ahí va... A los diecinueve años llegué a publicar mis primeros trabajos en las postrimerías de Editorial Frontera, hice unitarios con guiones de Oesterheld y un par de tapas. Luego colaboré en Vea y Lea y en Leoplán donde comencé a ilustrar cuentos, entre ellos, de autores como Adolfo Pérez Zelaschi. Esto fue del '62 al '64, al final de este último año entré en Misterix que por entonces era dirigida por Hugo Pratt (luego creador del legendario Corto Maltés). Allí desarrollé "Legión Extranjera", yo tenía toda la parafernalia de las armas encima (las historietas bélicas siempre fueron mi pasión) debido sin duda al reflejo del mundo militar en que se desempeñaba mi padre. Otros que dibujaban a mi lado eran Dalfiume y Lito Fernández, gente que luego daría mucho y bueno que hablar en el mundo de la historieta... y en 1965 llegué a Editorial Columba...



AF: Y ahí conociste a Robin Wood...



LO: No. Había conocido a Robin en Vea y Lea, parábamos en los boliches cercanos al hipódromo y no nos cansábamos de hablar de historieta. De esta amistad emergería en 1976, hace más de treinta años, Nippur, el errante sumerio de Lagash. Recuerdo que con 42 grados de calor dibujé "Historia para Lagash", su primer episodio...



AF: Nippur es un personaje capital en la historia de nuestra historieta nacional. Contame cómo fue concebido... se han dicho tantas cosas por ahí...



LO: (Se sonríe) Bueno... Como podés ver yo tengo una nutrida biblioteca y los temas de la antigüedad me fascinaron siempre. Aquí abrevó Robin. Yo, que había leído "Sinhué, el egipcio" de ese coloso llamado Mika Waltari se lo presté y le dije "¿Por qué no escribís sobre un guerrero?" En "Sinhué" está todo el mundo del antiguo Egipto, sus enemigos hititas... en fin...



AF: Vos hiciste El Hitita, también... ¿no?



LO: Sí, pero esa serie tenía guión tuyo, que también sos amante de mundos antiguos y guerreros. Con vos hicimos Hércules, El sobreviviente, En Tiempos de Salomón y algunas bíblicas...



AF: Vos creaste el primer Gilgamesh ¿verdad?



LO: Verdad, Fue en 1970 para la revista D´Artagnan, salía en blanco y negro en ese entonces. Pero el que trascendió fue el que escribió Robin Wood.



AF: Gilgamesh te dio una fama inusitada. Hablame del personaje ya que sos su creador gráfico y lo supiste impregnar de un halo de tragedia y de profunda reflexión sobre la muerte y la condición humana...



LO: Tenés razón. Así como Nippur era un errante, también lo es Gilgamesh. Un episodio de los primeros que no puedo olvidar es cuando el héroe está inmerso en una sangrienta batalla y descubre el pánico, el horror ante la certeza de la muerte que puede llegar en cualquier momento. Ese mismo pánico le hace abrirse paso con terribles mandobles entre sus enemigos y luego del combate se jura que la muerte nunca lo alcanzará (una utopía que todos tenemos). Gilgamesh logra ser inmortal, pero el hecho de convertirse en un semidiós no lo libra de tener un alma humana. Por eso busca... busca respuestas a preguntas que tampoco tiene muy claras. ¿Donde está Dios? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de nuestro paso por este mundo? En fin... la carga filosófica que tiene esta serie es, por momentos, abrumadora... y yo, con tinta y pincel traté de darle toda la emotividad posible porque era el primer conmovido al leerla.



AF: Perturbador lo que dijiste... Bueno, ¿qué más hubo en tu carrera artística?



LO: Mucho. En 1975 trabajé para el "King Feature Sindicate" norteamericano, lo hice con "Dick, el artillero", una historieta deportiva, y me tocó reemplazar nada menos que al maestro José Luis Salinas. En 1976 comienzo a trabajar con Ediciones Record, allí ilustré "Galaxia Cero", "Yo, Ciborg","Planeta Rojo", "Ronar”. En 1978 volví a Columba con Gilgamesh, luego hice Wally, El Púgil, El Alquimista y muchas, muchas unitarias. Actualmente trabajo para Italia.



AF: ¿Y cómo te llevás con el "parque jurásico" patagónico?



LO: (Se ríe y me muestra unas tiras de dibujos) Muy bien... te aseguro que lo que se está descubriendo por esos lados va a dar mucho que hablar en el mundo... Éstas son tiras que hago para el diario "Río Negro"... El personaje es un paleontólogo llamado Pepe Moreno (por el perito Moreno) que lucha por evitar que nuestras reservas arqueológicas sean saqueadas. Hago la serie desde 1997 y ya llevo más de ochocientas tiras dibujadas...



AF: Con todo este trabajo... ¿cuándo dormís?



LO: “Para dormir tienes la eternidad", decía el poeta persa Omar Al Khayam...



AF: No quisiera despedirme de vos sin llevarme un concepto tuyo sobre la historieta.



LO: Para mí, la historieta es el arte de la rotulación y de la obviedad porque la historieta explica todo teniendo texto e imagen. De modo, que a mi entender, la explicación es absoluta...



La noche ya pinta con trazos gruesos la bóveda del cielo. Me voy. Dejo atrás a un artista llamado Lucho Olivera, alguien que seguramente, volverá a atrapamos con el duende de sus ilustraciones en el comienzo de este nuevo milenio que ya está a la vuelta de la esquina...






Una perlita. Nippur de Lagash en una revista alemana de historietas.
































Presentación de Hércules, en El Tony. Editorial Columba

miércoles, 2 de abril de 2008

A 26 años de la guerra de las Malvinas

Hace veintiséis años atrás, nuestro país despertaba y se estremecía con la noticia de que en una brillante y casi incruenta operación naval, nuestras fuerzas armadas habían recuperado para la soberanía nacional, las islas Malvinas. El pueblo llenó espontaneamente la histórica Plaza de Mayo, demostrando que la causa de Malvinas une a todos los argentinos, en la inmensa convicción de que esos territorios insulares son nuestros y nos fueron arrebatados por la misma potencia colonialista que en el pasado (1806-1807) intentó apoderarse de Buenos Aires para incorporarla a las posesiones del imperio británico. Duro se combatió en Malvinas y más allá de la disparidad de fuerzas y los errores tácticos y estratégicos, que son temas de expertos, nuestros soldados de aire, mar y tierra supieron, con su coraje y vocación de servicio, dar sobradas pruebas de la irreductible voluntad de un pubelo que no se cansará de reclamar en todos los fueros diplomáticos del mundo, lo que legítimamente le pertenece. ¡Gloria a nuestros caídos de Malvinas! ¡El mayor de los respetos para nuestros veteranos de guerra, que libraron la última batalla aeronaval del siglo XX!



A continuación, y como un homenaje a nuestros héroes del Atlántico Sur, un adelanto del libro "La Armada en Malvinas", de próxima aparición.


















jueves, 27 de marzo de 2008

La historieta histórica como atractivo para los lectores

Mis guerreros favoritos

Muchos son los guiones de historieta, que me tocó redactar en mis cuatro décadas de profesionalismo (unos 5.000, diría yo), y buena parte de ellos correspondieron a producciones de tono épico, es decir, historias de guerreros. Robin Wood, ese gran maestro que triunfó en la historieta argentina, solía decirme "Mirá, Armando, nadie puede, en este oficio, llegar a ser un profesional completo, sino tiene una visión bastante completa de la historia universal". Y era cierto. En mi caso, felizmente cierto, porque la historia universal (y la argentina) siempre resultaron temas de mi predilección.































Así, nacieron en mi máquina de escribir (por ese entonces, les recuerdo, no existían las computadoras personales) Argón, el Justiciero, (que muchos años después tomaría a su cargo, el gran maestro Héctor Germán Oesterheld) y cuyo primer episodio fue ilustrado por Sergio Mulko. Tal episodio se llamaba "Quince monedas de oro". A partir del segundo episodio, lo tomó Enrique Villagrán, quien, con el seudónimo de Gómez Sierra, lo ilustraría por muchos años. Más tarde, lo graficó su hermano Carlos, que lo continuó con el seudónimo de Bill A. Grant. Argón era un general macedonio bajo las órdenes de Alejandro Magno y su saga más importante fue, siguiendo a este gran conquistador occidental, a través de Persia y la India.
















Bajo el pretexto de aventuras ficticias, estaba el enorme fondo histórico de aquellos tiempos. Eso fue motivo de discusión con una docente, durante una de las tantas exposiciones de historietas, en que participé. La buena señora murmuró que: "las historietas eran dañinas para los niños" y yo, que estaba al lado y no pude con mi genio le repliqué: "Eso era en parte cierto, cuando el mensaje que se trasmitía no era moral ni edificante" y la invité a ver planchas de Argón que se exhibían, le expliqué los lineamiento del personaje y la buena mujer quedó maravillada. "De este modo, los chicos pueden encontrar más atractiva la historia", descubrió. Y era absolutamente cierto. Realicé unos cuatrocientos guiones para Argón, mi primer personaje, de hacha y espada.
















Otro que creé, fue Kabul de Bengala, dibujado por Horacio Altuna (que luego también continuaría Oesterheld, siendo estos dos personajes, junto al policial Tres X la Ley, ilustrado por Marchionne, las únicas series que no eran de su creación, y que el gran Maestro de Maestros, continuaría, en su extraordinaria y prolífica carrera) Debo decir, que para un admirador como era yo, de HGO, esto lo he sentido siempre como un verdadero orgullo.








Otros guerreros llegaron, y para quedarse: Rodwin de las Galias, fue uno de ellos, ilustrado por el maestro oriental, Miguel Castro Rodríguez y con algunos episodios dibujados por otro ilustrador, que también sería en el futuro, un gran maestro, me refiero a Rubén Meriggi, por entonces, un adolescente que concurría a mi casa, con sus sueños, su enorme talento y sus ganas de trabajar.
















Tambien con Sergio Mulko dimos vida a Dyinn y La Sombra del Tigre, una historia de samurais.








Me tocó heredar Wolf y Troels, (ambos creados por Robin Wood) a los pocos episodios de haberles dado vida. A estos dos personajes los ilustraba, quien sería un verdadero "monstruo" de la historieta argentina, me refiero a mi amigo, el malogrado y querido "turco" Jorge Zaffino. A Wolf, luego lo continuaría Rubén Meriggi, en tanto que Troels conocería en sus tramos finales, el incipiente pincel del luego gran maestro Sergio Ibáñez (por entonces, ayudante de Jorge Zaffino).
















De Robin Wood me tocó redactar varios episodios del gran Nippur de Lagash y también hacerme cargo, por mucho tiempo de El Cosaco, que por entonces ilustraba Carlos Casalla y luego continuó Rubén Furlino.








Con el gran maestro Lucho Olivera (Luis Ricardo Olivera), dimos vida a El Hitita (creado como contrafigura, pues no era desconocido para los lectores, que los hititas fueron siempre los grandes enemigos de Nippur). Otras series de guerreros realizadas con Lucho, fueron El Sobreviviente, En tiempos de Salomón y Hércules, donde trasladamos en el lenguaje a cuadritos de la historieta, las hazañas del mitológico semidiós griego, relatando, incluso, hasta su muerte.








Cierro esta nota, recordando que también realicé la adaptación de la película Conan, el bárbaro, para la revista D´Artagnan, en seis episodios. La ilustró otro gran profesional uruguayo, Eduardo Barreto en su primera colaboración para la Editorial Columba.
Muchos guerreros, mucha aventura recorrida, la que sin duda, los fieles lectores de Editorial Columba, atesoran entre sus mejores recuerdos.

lunes, 17 de marzo de 2008

Para Semana Santa: Cuento "Y su sangre era roja" por Armando Fernández

Soy un simple legionario, apenas un decurión, eso lo sé perfectamente. Aún a través del vino espeso que flota en el fondo de la jarra de barro y que se ha infiltrado en mi cerebro, sé quién soy. Cayo Lúculo, decurión de Roma al servicio del Emperador.

Tengo muchas cicatrices en el pecho y los brazos, pero ninguna en la espalda. He matado hombres con "pilum" y con espada. Los he matado con hacha, con algún trozo de roca y hasta con mis propias manos. Los bárbaros de la Germania nunca fueron gente dócil y eso los dioses lo saben muy bien.

Pero los he matado en pelea, de hombre a hombre, y el recuerdo de sus muertes no me altera el pulso ni me quita el sueño. Pelearon bien, yo luché mejor. Murieron bien y yo sigo vivo para disfrutar del vino espeso de Palestina y de alguna prostituta; les aclaro que me gustan las entradas en carnes. Las delgaduchas siempre parecen agitar el ramaje de sus huesos como si el esqueleto estuviera empujando para mostrarse de una vez.

De modo que cuando me tiro en algún pajar con alguna ramera me gusta pensar en los placeres de este mundo y no en la muerte. Bastante pienso en ella como soldado, velando mis armas en el alba que suele preceder a la batalla...

Pero hay una muerte que gira y gira dentro de mi cabeza. No es la muerte de un familiar, ni siquiera de una camarada (que los he tenido y muy buenos). No. Es la muerte de alguien que yo poco conocía y eso es lo curioso. Esa muerte me roe como un implacable gusano. Esa muerte está dentro de mí, aunque no fuera mi mano quien la ejecutara. Pero yo estuve allí...

Yo formé parte del grupo que por orden de Poncio Pilates azotó y colocó una corona de espinas sobre la cabeza de aquel hombre. Lo arrastramos por las calles entre el abucheo de la multitud instigada por los fariseos. Otros dos ladrones iban a morir con él pero los ladrones son seres despreciables y eso era lógico. Sin embargo, este hombre era distinto.

Creo que fue María Magdalena quien me habló por primera vez de él. Yo ya había escuchado rumores. Palestina es una tierra árida, poblada de bandoleros y escorpiones. A mi modesto entender (y no tengo nada de estratega o de político) el Imperio nunca debió haber metido sus narices aquí. La gente de este lugar no necesita enemigos externos, ellos suelen ser sus propios enemigos y se matan y se emboscan con gran alborozo. Bueno, el caso es que los romanos estamos aquí e imponemos las leyes y la paz. Ellos podrán ser rebeldes e indóciles, pero nosotros somos organizados y fríamente despiadados. Ya descubrieron que la "pax romana" es la paz de los cementerios. O sea que tenemos nuestras "caligas" en sus cuellos y aunque resuellan, saben que no pueden oponerse.

Les sigo contando. Le ofrecí unos denarios a María Magdalena para que fuera conmigo al pajar como otras veces pero para mi sorpresa se negó. Y no por el precio pues yo estaba ansioso de disfrutar de una mujer experta como es ella y ofrecí más. Me miró, sonrió con tristeza y murmuró suavemente:

-He abandonado esa vida. Nunca más volveré a ella. Antes preferiría morir...

-¿Qué? ¿Te has enamorado de algún hombre? - pregunté bajo el sol ardiente que poco o nada respetaba la sombra de aquella añosa palmera.

-¿Enamorado? Sí, puede decirse que sí, Cayo Lúculo. Encontré el amor. El amor puro que rige el universo... - Sonreía y parecía transfigurada. Yo no tenía ningún trago de vino encima pero se me antojó extrañamente bella a pesar del desgastado sayal que vestía.

-Qué bueno ... No necesitarás seguir ejerciendo tu oficio entonces... Tendrás alguien que te dará de comer y te protegerá.

-Él me da el pan de la vida y los miedos desaparecen cuando sigo las huellas de sus sandalias...

Me encogí de hombros. Las mujeres no han nacido para ser entendidas, las rameras, mucho menos.

- Adiós... buscaré otra compañía... - dije, volviendo la espalda para alejarme.

- Espera, Cayo... - Su mano rozó mi hombro y me detuvo.

-¿Has reconsiderado mi oferta? Ya sabía yo ...

Negó la cabeza y su mano oprimió mi brazo significativamente.

- Tú también puedes encontrar el amor. También eres una criatura de Dios, después de todo...

Me dejé llevar, no entendía muy bien el sentido de sus palabras pero tratándose de amor, ella seguro sabría dónde conducirme. Me presentará a alguna de sus amigas, pensé. Eso estaría bueno. Vino y mujer. El mejor remedio contra el ocio y el calor de la ardiente tierra Palestina...

-Lo conocerás a Él. No es lejos de aquí...

Casi me paro en seco.

-¿Conocer a tu hombre? ¿Estás bromeando? Cuando hablaste de amor, pensé que te referías...

-Imagino a qué te referías... -dijo sonriendo tristemente.

Aún hoy no sé por qué la seguí realmente. Pero el caso es que fui...

Llegamos a un pequeño montecillo. Allí había una reunión. Una cabra berreaba cerca de su pastor. Y vi a ese hombre por primera vez de cerca.
- Escúchalo - me suplicó Magdalena. Busqué el refugio de un arbolillo resoplando contra mi negra estrella. Magdalena se quedó a mi lado, pero de pie. Vi que lagrimeaba y no trataba de enjugar sus lágrimas -. Él me salvó de morir lapidada...

-Ah... -repliqué yo, lamentando no tener un odre de vino a mano.

Ese hombre hablaba pero yo no escuchaba. Sus palabras llegaban como el murmullo del mar a mis oídos. Pero la gente que se había reunido para escucharlo parecía muy interesada.

- Por favor... escúchalo... -volvió a pedir ella dándose cuenta de mi desinterés.

Asít pues, lo escuché.

Creo que nunca debí hacerlo, no estoy muy seguro. Ya saben, soy un soldado y sólo creo en mis fuerzas. Todo es simple y sencillo para mí. Nacemos llorando y nos vamos maldiciendo de este mundo. Nunca pensé que hay un después. Mi "después" es un lugar oscuro donde seguramente podré oír las risas de los viejos dioses crueles mientras yo yazgo sin ojos, sin corazón, sin vísceras, en esa oscuridad viscosa de la que nunca volveré a salir. De modo que no pienso en el futuro. No hay futuro. ¿Para qué preocuparse? Comencé a inquietarme cuando oí a ese hombre...

Era sin duda, uno de los tantos profetas que aparecen como hongos en la tierra palestina. Individuos famélicos, aferrados a un cayado, prometiendo la condenación eterna y el fin de la tiranía de Roma. Al principio los tomé por agitadores (en cierto modo lo eran), pero luego comenzaron a causarme risa cuando les daban su merecido o simplemente se morían de hambre. Eran pequeños ríos que nunca llegarían al mar. Sus huesos se convertían en polvo y Roma seguía existiendo. Es más, ampliaba sus dominios y yo no dudaba que un día el mundo nos pertenecería totalmente.

Yo estaba seguro de todas esas cosas hasta el día que escuché a ese hombre. No dijo cosas contra Roma. Para él, Roma era un reino pasajero, como muchos que se habían levantado en la antigüedad y luego se habían derrumbado. Él habló de un nuevo reino. Un reino que estaba dentro de cada hombre. Habló de perdón y misericordia. Comencé a entender un poco qué quería decir María Magdalena cuando se refería al amor.

El gusano ya estaba instalado en mí. Desde aquel día (sin mis ropas de soldado) comencé a mezclarme entre la multitud que seguía sus sermones. Le vi hacer cosas que sólo los dioses pueden hacer. No conozco a ningún mago que pueda multiplicar peces y panes... El gusano de la incertidumbre me mordisqueaba las entrañas.

-Tened misericordia, hermanos. Pues, con la misma vara que medís a los demás, el Padre Eterno os medirá... - decía ese hombre. Yo realmente estaba confundido. Soy un soldado y sé que la paz no es posible entre los hombres. Sé que la ambición, la codicia, la gula, la lujuria, son la brújula de nuestras vidas. Y este hombre seguía diciendo que nosotros éramos nuestro peor enemigo. Yo no soy enemigo mío, al contrario, he cuidado de mí mejor que nadie.
Este hombre decía que debíamos preparamos para entrar a otro reino... Yo no tenía noticias de que ejércitos enemigos estuviesen marchando sobre Roma. Los pastores y alfareros sí parecían comprenderlo. Iban con sus dolores y sus llagas y él los consolaba y los curaba.

Pero yo le temía. No le temía como se teme a un hombre, pues yo nunca he temido a hombre alguno. Le temía de un modo vago, incierto. Ante él, a veces me sentía como un niño perdido en un bosque umbrío, buscando una luz que lo guíe. Era una sensación realmente extraña ...

-Acércate - me dijo un día, haciendo un gesto con su mano. Al principio pensé que no se dirigiría mí. Había tantos en aquella reunión... Confieso que me temblaron un poco las piernas. Pero fui. Estaba con sus discípulos. Uno de ellos, Judas Escariote me sonrió.
- Ven, el Maestro te llama...

No me gustó la cara de ese Judas. He gastado muchas sandalias y conozco de hombres. Había un brillo extraño en sus ojos cuando me tomó del brazo y me acompañó hasta su Maestro.

- María Magdalena me habló de ti... - me dijo ese hombre.

- Debe haberte dicho que soy un soldado de Roma...

- Yo también soy un soldado.

- No veo tu ejército...

- Está aquí. Está por todas partes. Quizás tú mismo ya comienzas a formar parte de él...

-¿Me estás pidiendo que abandone el servicio de Roma? ¿Que traicione a mi Emperador?

Él sonrió. Era una sonrisa suave y cansada. Como la de un niño harto de vigilia que desea dormirse en el regazo de su madre.

-Mi ejército no tiene espadas, ni cascos, ni escudos... ni mucho menos uniforme... Mis tropas sólo obedecen esta voz de mando ... -y aquí me tocó el pecho, a la altura del corazón.

Yo retrocedí casi aterrorizado, como si estuviera intemándome en un pantano. Mi disciplina, mi lógica, se rebeló contra esas palabras que parecían cargadas de una sabiduría que sencillamente me sobrepasaban. Siempre he dudado de todo lo que no puedo comprender.

-Volveremos a vemos... -me dijo, antes de que le volviera la espalda y me marchase apresuradamente de allí...
Y volvimos a vernos...

Lo hicieron arrastrar el pesado madero en el cual sería crucificado. Cuando sus fuerzas físicas aflojaron, le obligaron a levantarse a golpes de traílla. Y su sangre era roja...

Lo crucificaron en el Monte Gólgota junto a dos ladrones. Había una pequeña multitud llorosa en torno a nosotros, los legionarios encargados de hacer cumplir la sentencia ordenada por Pilatos. Oí el retumbar de los martillos que empujaban los feroces clavos a través de su carne. Le oí gemir, como gimen los animales heridos que van a morir. María Magdalena y otras mujeres estaban allí. Oraban y lagrimeaban.

-Tengo sed... -murmuró con un hilo de voz. El centurión a cargo me miró, desdeñoso.

-Déjale que se pudra. Cuando más pronto muera, mejor. Así nos iremos...
No tenía agua a mano pero le embebí un trapo con vinagre y usando mi lanza le mojé los labios. Oí una risa a mis espaldas. Publio, uno de los legionarios se estaba mofando del desdichado.

-No pareces pasarla tan bien, rey de los hebreos... -tartajeó. Y antes de que yo pudiera impedirlo, le clavó una lanza en el costado. Y su sangre era roja...

Le di un empellón a Publio y lo arrojé al suelo. Me miró desde el suelo, como una serpiente. Los otros hombres reían. Publio sabía que podía aplastarlo como una víbora si osaba enfrentarme.

-Nadie te ordenó que hicieras eso -dije. Publio recogió su casco caído y se fue con los otros. Miré al hombre clavado a la cruz. Respiraba agitadamente, como tratando de retener esa vida que se le iba irremisiblemente. Nos odiaba, estoy seguro. Le habíamos torturado y lo estábamos matando. Siempre se odia al enemigo que nos destruye. En el momento final del dolor, el odio emerge como una excrecencia que habita dentro de cada uno de nosotros. Este hombre no sería la excepción.

No me gustaba la forma en que moría. Tampoco entendía muy bien por qué moría. Alguna vez creí que estaba loco, alucinado. Ahora ya no creía. Pero no tenía en claro sus motivos para ser llevado al holocausto como un cordero, sin intentar al menos, huir. El hombre estaba diciendo algo...
Palabras entrecortadas. Me acerqué al pie de la cruz.
-Padre... - Agucé mis oídos-. ... perdónalos... porque... ellos... no saben... lo que hacen...

Emitió un largo suspiro, despidiéndose de la vida y su cabeza cayó sobre su pecho. ¿Qué quería decir con eso de que no sabíamos lo que hacíamos y que nos perdonaba? Definitivamente no podía entender los motivos de ese hombre.

Alguna vez creo que estuve a punto de comprender algo. Pero fue como si quisiera atrapar una paloma y sólo me quedaran algunas plumas en la mano. La paloma voló hacia el sol y yo me quedé con las manos vacías.

El cielo se oscureció. La tormenta vino de improviso, de alguna parte. Y comenzó a llover a baldes. La lluvia lavó los cuerpos de la grumosidad de la sangre.

-Vamos, ¿qué esperas? - me urgió el centurión que comandaba el grupo.

-¡Vayan ... ya los alcanzo! - grité, tratando de elevar mi voz sobre la furia del viento. Se fueron maldiciendo, mojados hasta los huesos en busca de abrigo, lumbre y vino. Yo me quedé mirando las cruces mientras el cielo se poblaba de relámpagos. No, no lo entendería. Sabía que no lo entendería...

Si podía hacer milagros, como vi, era más que humano. Era un gran mago, un ser superior... ¿Era un dios? No, pensé, sacudiendo la cabeza para alejar los pensamientos. No puede serlo... Conozco la sangre humana, ya les dije que la he vertido en los campos de batalla. Conozco su color, como conozco el color del vino. Y la sangre de este hombre también era roja... Como la mía.
FIN
(c) Armando Fernández

domingo, 9 de marzo de 2008

En el dia internacional de la mujer

Grandes dibujantes femeninas de nuestra historieta
Como todos saben, el día 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Son múltiples las actividades que las representantes del sexo femenino, desarrollan en todos los ámbitos profesionales y laborales. No alcanza este espacio para describir las merecidas conquistas sociales que la mujer ha logrado especialmente en el siglo XX, dignificando su condición femenina, lo que las equipara en todos los terrenos, con el hombre. Allí están ellas, trabajando codo a codo con sus pares masculinos y ganándose el sustento diario en sus trabajos. No pocas de ellas son cabezas de familia y se multiplican en la crianza de sus hijos.

En lo que me toca, es decir, la historieta, quiero recordar a dos excelentes profesionales que, desde sus tableros de dibujo, efectuaron un recordado aporte a la historieta nacional. Me refiero a las señoras Laura Mariel Gulino y la señora Martha Barnes. Con ellas tuve el honor y el placer de trabajar en historias unitarias, series y miniseries, que en su tiempo editaba Columba. A "vuelo de pájaro" recuerdo series como "Teenagers", "La Prisionera" y "La Búsqueda" que redacté para el pincel de mi estimada amiga Laurita Gulino (quien hoy desarrolla su talento para la Eura Editoriale de Italia) .

Por su parte, con la señora Martha Barnes, desarrollé series tales como "Pasional" y "La Enemiga", entre otras. Como dato curioso añadiré que mi primera historieta dibujada y publicada en Editorial Columba, precisamente en la revista EL Tony, y que sería el prólogo de una carrera profesional de cuatro décadas, fue una historia unitaria llamada "Tierras Salvajes" y fue ilustrada por la señora Barnes.
En estas dos excelentes profesionales de nuestra historieta nacional, quiero rendir mi modesto, pero merecido y sincero homenaje, a todas las guionistas y dibujantes argentinas, que desde sus computadoras y tableros de dibujo realizan un aporte que, muchas veces, no recibe la repercusión que merecen.



¡Feliz día, colegas mías!



Teenagers- Laura Gulino- Revista Intervalo.
















La Prisionera- Revista Intervalo. Laura Gulino- Armando Fernández.
















Ilustración: Martha Barnes. Serie "Pasional"- Revista Intervalo